Sociedad civil, tenemos derecho a la Insurrección




No puedo precisar donde lo leí. ¡Son tantas ventanas! La cosa decía más o menos: “Ese nuevo habito de darle Copy & Paste a las ideas, está mermando la capacidad de nuestra juventud para pensar por cuenta propia.”

La opinión provenía de un antiguo, uno de esos seres nostálgicos que sufren porque sus teléfonos ya no tienen pita. Un típico quijote, que se aferra a mirar dragones en la nueva máquina que convierte el viento en pan, imposibilitado por la rigidez de su armadura, para adaptarse a la flexibilidad de las nuevas posibilidades. Y como a mí me apasiona ser un autentico innovador y permanente insurrecto, hoy sí voy a recurrir con abuso y desparramo a la fantástica invención del “Copy & Paste”.

Empecemos con el plato fuerte: dice nuestra Constitución de la soberana República de El Salvador, en su Título III sobre El Estado, Su Forma de Gobierno y Sistema Político:

ARTÍCULO 87.- Se reconoce el derecho del pueblo a la insurrección, para el solo objeto de restablecer el orden constitucional alterado por la transgresión de las normas relativas a la forma de gobierno o al sistema político establecidos, o por graves violaciones a los derechos consagrados en esta Constitución. El ejercicio de este derecho no producirá la abrogación ni la reforma de esta Constitución, y se limitará a separar en cuanto sea necesario a los funcionarios transgresores, reemplazándolos de manera transitoria hasta que sean sustituidos en la forma establecida por esta constitución. Las atribuciones y competencias que corresponden a los órganos fundamentales establecidos por esta Constitución, no podrán ser ejercidos en ningún caso por una misma persona o por una sola institución.

Nuestro sistema está sabiamente definido, de tal forma que exista equilibrio, pesos y contrapesos. Pero resulta que en El Salvador, el FMLN está enquistado en las presidencias del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y del Poder Judicial. ¡Ay sí, qué poderosos! decía un meme

A los escasos lectores a quienes la patria reclama, me dirijo y hago hincapié: “Libertad es su dogma, es su guía. Que mil veces logró defender; Y otras tantas, de audaz tiranía. Rechazar el odioso poder.”

Aquí el único poderoso es el pueblo. Esto no es ni monarquía, ni tiranía ni orgía colorada.

Quienes ya despertamos y estamos comprometidos, no podemos irnos a poner la calzoneta mientras el FMLN hace su agosto con nuestra institucionalidad y nuestras normas relativas a la forma de gobierno o al sistema político establecidos, ejerciendo como una misma institución absolutista, las atribuciones y competencias que corresponden a los órganos fundamentales. Si no le devolvemos a El Salvador el equilibrio, vamos a terminar haciendo cola para comprar papel higiénico y solicitando el beneplácito de la comisión revolucionaria del barrio, para asistir a misa o para cantarle alabanzas a Dios en el culto, hermanos. Eso sí, independientemente si en tu iglesia hay o no imágenes, por decreto vamos a tener que poner en los pedestales, a la imagen de Farabundo, el Che y San Diego de Holguín. Nos guste o no nos guste. No estoy bromeando.

¿Usted cree que yo pienso por cuenta propia o solo soy un loro del tanque de pensamiento oligarca? ¡Busco más insurrectos!
 

 



Honestamente, la pasión por escribir incomoda.

Con 30 y tantos años y luego de postergarlo por tiempo suficiente, me dedique
irremediablemente a escribir.

En El Salvador, apenas y asomábamos la cara, de entre los escombros acumulados de la época colonial, la marginación del campesino, la reforma agraria, la guerra civil
desde el 79, la desintegración familiar, el terremoto del 86, la post guerra
del 92, la pérdida de valores, el terremoto del 2001, el Mitch, la crisis
mundial del 2009, los 20 años de gobierno de aquellos y la falta de
escrúpulos, creatividad y capacidad de estos.

¡Tome en cuenta el lector que estos y aquellos son los mismos!

Porque lo quieren todo, absolutamente todo, solo para ellos, sin consultar y
sin pedir permiso.

A su imagen y semejanza. Según la sabiduría de su propia opinión.

Y uno queriéndose quitar la polvazon de los ojos, ya no tiene tiempo de
entretenerse con letanías y retóricas.

El mundo ya no es tan simple y uno ya no es tan maje. Pero el político de la
vieja escuela, sigue creyendo celosamente que puede compensar su falta de
solucionar e innovar, con el pulido habito de culpar a otros, hablando
apasionadamente.

Fue en este insomnio preciso, de la noche en que masticaba en mi cerebro, la
síntesis de todas las clases recibidas de Biblia, Derecho Público y Privado,
Economía, Responsabilidad Social Corporativa y Habilidades Directivas. Que
me terminé de convencer, sin que nadie me invitara, de participar, en la
formación de opinión y la búsqueda de soluciones a los problemas que estoy
seguro, vienen haciendo fila, más complejos y menos predecibles, que todos
los enunciados en el primer párrafo de esta reflexión.

¡Tremenda oportunidad la que tenemos todos juntos!
Ya con el envión que agarre por default, arranco con una pregunta:

¿A qué generación le corresponde pagar la cuenta de la gran hartada que nos
hemos estado dando? (Y que me disculpen los moralistas, absolutistas y
delicados, pero este será el primero y único paréntesis que les dedico, con
respecto al uso de salvadoreñismos. Esos que ocupan hasta los más socados y
que por alguna razón por definir, tienden a escandalizar, cuando se ponen
por escrito…)

Nos hemos estado hartando al mundo, a la sociedad, a la familia y a todo lo
que se nos atravesó en el camino.

De esta sentada, participaron los abuelos, los padres, los hijos, los
hermanos menores y los hijos de los hijos. Pero, ¿A quien le toca pagar la
cuenta?

Pues como lo veo, me toca pagar la cuenta a mí. Y de lo que se trata hoy en
día, es de hacer ³la cabuda² y buscar más compadres y cheros que se quieran
solidarizar con uno para saldar esta deuda.

La ventaja que hoy tenemos, es que con una navegadita por Internet, la
enciclopedia libre e infinidad de blogs, nos podemos ilustrar (sabiendo
filtrar la desinformación abundante), con suficientes recursos para
fundamentar nuestro criterio, sin que nadie quiera manipularnos con una
disque verdad total e irrefutable.

En la multitud de consejeros hay sabiduría. Valga la aclaración que los
principios como el amor, la verdad y la responsabilidad, no se discuten en
esencia.

En esa navegación habitual me encontraba, cuando descubrí en wikipedia las
conclusiones sobre las generaciones actuales: La Perdida, la Baby Boom, la
Generación X, la Y y la Z.

No tengo intenciones de recurrir al copy/paste, así que le recomiendo
darles búsqueda (métase a Google y lea sobre la generación x)  y asómbrese
de lo cuadriculados que nos tienen los estudiosos con respecto a nuestras
costumbres, manías y postulados fundamentales.

En principio, generalizar es empezar con mal paso, pero no está de más
ilustrarnos para saber comunicarle y venderle a cada quien, las ideas según
su idioma y costumbres.

Ninguna generación tiene la llave del tesoro ni la fórmula mágica para
componer la máquina de vivir en paz y pagar las cuentas.

Para decirlo de manera práctica, vamos a tener que consultar a los abuelos
para que nos recuerden la sabiduría de las tradiciones, a los padres vamos a
tener que pedirles que nos acompañen un ratito más, sin echarnos en cara que
a nuestra edad, ya dominaban el mundo, pues miremos que mundo nos toco en
turno…

Nuestros padres y abuelos van a tener que pedirnos a nosotros que les
traduzcamos el lenguaje de los hermanos menores, los hijos, los nietos y los
bisnietos. Que nacieron hablando otro idioma y son parte integrante
fundamental de la solución, para ayudar a pagar esta gran cuenta.

A todos nos toca una parte, y yo estoy dispuesto a pagar mi cuota. A modo de
ejemplo a mis padres les puedo compartir como utilizar con más eficiencia,
la computadora y el Internet. De modo que puedan ampliar su rango de
pensamientos y a mis sobrinos e hijos, puedo enseñarles a jugar escondelero
y mica, a modo que puedan descubrir lo divertido y vigente que es correr en
el mundo real. De ellos aprenderé alguna pelazon creativa que todavía no
estoy en condiciones de explicar por escrito.

De lo que estoy seguro, es que ni el gobierno, ni los políticos ni Fulano de
tal o Perencejo, se van a encargar de iniciar este proceso de reingeniería
socio-cultural, incluyente y sostenible, para “Pagar la cuenta.”

Invito a todos los valientes y valiosos, los creativos, los interesados y
los interesantes, los que quieren y pueden hacer, a que nos sentemos a
pensar, a debatir, a proponer, desde nuestra experiencia y conocimiento y
cuando armemos un buen plan, lo ejecutemos. Salgamos de la zona de confort,
dejemos de buscar culpables y por favor, ayúdenme a pagar la cuenta.

 

Con patada al pecho

 

http://mediolleno.com.sv/colaboradores/con-patada-al-pecho

 

Pertenezco a la generación “X”. Los que sí nos acordamos de la guerra, crecimos con la violencia como realidad cotidiana y adoptamos desde chiquitos y sin darnos mucha cuenta, un lenguaje particularmente agresivo. Nuestros padres Baby Boomers no nos trataron como niños mimados. Por lo general, improvisaron bastante en nuestra crianza. Nosotros, que estamos más informados, apostamos criando a la nueva generación de chichis, con un arsenal de psicología, pedagogía y literatura de superación aplicada a su formación.

Honestamente, siento que por evitar los errores de nuestros padres, nos fuimos al polo opuesto, criándolos con muchas pinzas. Recuerdo que de niño, expresar cariño entre amigos era cosa incómoda y se nos facilitaba  con la interposición de un apodo o insulto. Así nos criamos, con la ilusión de crecer un día para que nos tuvieran más respeto.

Éramos “los bichos”, con la diferencia que nuestros padres ya eran “señores” desde los 22 años y con solo tener una licenciaturita ya eran “alguien” en la sociedad. No se imaginan la frustración de los jóvenes de 30 en la actualidad. Muchos le hicimos caso a los Baby Boomers. Les tomamos el consejo y los honramos aun sin comprender mucho de sus valores y fobias. Varios de mi generación tenemos profesión, maestría y hasta PHD, pero tuvimos que irnos de El Salvador para intentar vivir por nuestra cuenta en condiciones similares a las de nuestros padres.

Pero no contábamos con un problema demográfico. En los puestos laborales de relevancia, hay 10 personas de 40 a 50 años por cada 1 de 30. Y estos señores tienen una cultura del derecho de piso, en la cual la antigüedad es más premiada que los resultados. Esta sociedad solo nos deja la opción del emprendedurismo para igualar las condiciones de vida en las que crecimos. Pero el porcentaje de éxito de nuevos negocios es sumamente bajo y los prestamos y “business angels” escasean.  La cosa no pinta bien considerando que la generación “Y” viene más amorosa, mejor conectada, informada y segura de sí misma que la nuestra. ¿Qué nos toca hacer?  Utilizar nuestra agresividad para causar el relevo generacional de una vez. Y los primeros territorios que debemos tomarnos son el político y gremial.

En el Facebook de uno de los jovenes abogados mejor formados y más brillantes de mi generación, leí el siguiente reclamo:

 “””Que difícil es el desarrollo de los jovenes en nuestro país. Ayer un empresario me dijo que prefieren la opinión de un abogado mayor a la de un joven. Respeto ese punto pero también conozco muchos colegas jovenes que son capaces y que han estudiado mucho para llegar a ser lo que son. Creo que la capacidad de un profesional no se mide por su edad, se mide por su dedicación y su profesionalismo. Ahora se porque nuestro país no sale del estancamiento que esta. Los jovenes tenemos mucho que dar y hacer por nuestro país y cambiar esa idea errónea. Es tiempo de un relevo generacional para que nuestro país se desarrolle.””” (sic)

 

A ese lamento general y muy váalido, yo le contesté:

 

“Lo ideal es un trabajo en equipo. El viejo experto se beneficia con el entusiasmo, actualización y fortaleza del joven que a su vez se beneficia con la cautela, previsión y olfato del viejo. ¡Yo como quisiera un mentor! Pero si no se alinean, entonces no tenemos otra alternativa que serrucharles el piso por egoístas.”

 

Esta situación es matemática simple. Y en términos electorales, tenemos al candidato Saca, apostándole a endulzarle la cabeza a la juventud menospreciada. Al ex presidente se le olvida que nosotros somos mucho más incrédulos que nuestros padres idealistas. Va necesitar más que una campaña de énfasis en el empleo para entusiasmarnos.  El empleo no se da en los palos o en una fábrica de empleos. No necesitamos que nos ayuden, con solo que no nos estorben.

*Colaborador de MedioLleno

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