Honestamente, la pasión por escribir incomoda.

Con 30 y tantos años y luego de postergarlo por tiempo suficiente, me dedique
irremediablemente a escribir.

En El Salvador, apenas y asomábamos la cara, de entre los escombros acumulados de la época colonial, la marginación del campesino, la reforma agraria, la guerra civil
desde el 79, la desintegración familiar, el terremoto del 86, la post guerra
del 92, la pérdida de valores, el terremoto del 2001, el Mitch, la crisis
mundial del 2009, los 20 años de gobierno de aquellos y la falta de
escrúpulos, creatividad y capacidad de estos.

¡Tome en cuenta el lector que estos y aquellos son los mismos!

Porque lo quieren todo, absolutamente todo, solo para ellos, sin consultar y
sin pedir permiso.

A su imagen y semejanza. Según la sabiduría de su propia opinión.

Y uno queriéndose quitar la polvazon de los ojos, ya no tiene tiempo de
entretenerse con letanías y retóricas.

El mundo ya no es tan simple y uno ya no es tan maje. Pero el político de la
vieja escuela, sigue creyendo celosamente que puede compensar su falta de
solucionar e innovar, con el pulido habito de culpar a otros, hablando
apasionadamente.

Fue en este insomnio preciso, de la noche en que masticaba en mi cerebro, la
síntesis de todas las clases recibidas de Biblia, Derecho Público y Privado,
Economía, Responsabilidad Social Corporativa y Habilidades Directivas. Que
me terminé de convencer, sin que nadie me invitara, de participar, en la
formación de opinión y la búsqueda de soluciones a los problemas que estoy
seguro, vienen haciendo fila, más complejos y menos predecibles, que todos
los enunciados en el primer párrafo de esta reflexión.

¡Tremenda oportunidad la que tenemos todos juntos!
Ya con el envión que agarre por default, arranco con una pregunta:

¿A qué generación le corresponde pagar la cuenta de la gran hartada que nos
hemos estado dando? (Y que me disculpen los moralistas, absolutistas y
delicados, pero este será el primero y único paréntesis que les dedico, con
respecto al uso de salvadoreñismos. Esos que ocupan hasta los más socados y
que por alguna razón por definir, tienden a escandalizar, cuando se ponen
por escrito…)

Nos hemos estado hartando al mundo, a la sociedad, a la familia y a todo lo
que se nos atravesó en el camino.

De esta sentada, participaron los abuelos, los padres, los hijos, los
hermanos menores y los hijos de los hijos. Pero, ¿A quien le toca pagar la
cuenta?

Pues como lo veo, me toca pagar la cuenta a mí. Y de lo que se trata hoy en
día, es de hacer ³la cabuda² y buscar más compadres y cheros que se quieran
solidarizar con uno para saldar esta deuda.

La ventaja que hoy tenemos, es que con una navegadita por Internet, la
enciclopedia libre e infinidad de blogs, nos podemos ilustrar (sabiendo
filtrar la desinformación abundante), con suficientes recursos para
fundamentar nuestro criterio, sin que nadie quiera manipularnos con una
disque verdad total e irrefutable.

En la multitud de consejeros hay sabiduría. Valga la aclaración que los
principios como el amor, la verdad y la responsabilidad, no se discuten en
esencia.

En esa navegación habitual me encontraba, cuando descubrí en wikipedia las
conclusiones sobre las generaciones actuales: La Perdida, la Baby Boom, la
Generación X, la Y y la Z.

No tengo intenciones de recurrir al copy/paste, así que le recomiendo
darles búsqueda (métase a Google y lea sobre la generación x)  y asómbrese
de lo cuadriculados que nos tienen los estudiosos con respecto a nuestras
costumbres, manías y postulados fundamentales.

En principio, generalizar es empezar con mal paso, pero no está de más
ilustrarnos para saber comunicarle y venderle a cada quien, las ideas según
su idioma y costumbres.

Ninguna generación tiene la llave del tesoro ni la fórmula mágica para
componer la máquina de vivir en paz y pagar las cuentas.

Para decirlo de manera práctica, vamos a tener que consultar a los abuelos
para que nos recuerden la sabiduría de las tradiciones, a los padres vamos a
tener que pedirles que nos acompañen un ratito más, sin echarnos en cara que
a nuestra edad, ya dominaban el mundo, pues miremos que mundo nos toco en
turno…

Nuestros padres y abuelos van a tener que pedirnos a nosotros que les
traduzcamos el lenguaje de los hermanos menores, los hijos, los nietos y los
bisnietos. Que nacieron hablando otro idioma y son parte integrante
fundamental de la solución, para ayudar a pagar esta gran cuenta.

A todos nos toca una parte, y yo estoy dispuesto a pagar mi cuota. A modo de
ejemplo a mis padres les puedo compartir como utilizar con más eficiencia,
la computadora y el Internet. De modo que puedan ampliar su rango de
pensamientos y a mis sobrinos e hijos, puedo enseñarles a jugar escondelero
y mica, a modo que puedan descubrir lo divertido y vigente que es correr en
el mundo real. De ellos aprenderé alguna pelazon creativa que todavía no
estoy en condiciones de explicar por escrito.

De lo que estoy seguro, es que ni el gobierno, ni los políticos ni Fulano de
tal o Perencejo, se van a encargar de iniciar este proceso de reingeniería
socio-cultural, incluyente y sostenible, para “Pagar la cuenta.”

Invito a todos los valientes y valiosos, los creativos, los interesados y
los interesantes, los que quieren y pueden hacer, a que nos sentemos a
pensar, a debatir, a proponer, desde nuestra experiencia y conocimiento y
cuando armemos un buen plan, lo ejecutemos. Salgamos de la zona de confort,
dejemos de buscar culpables y por favor, ayúdenme a pagar la cuenta.