Primera epístola de Ricardo a los 300

Poderosos ciudadanos libres de la soberana República de El Salvador,

¿Hay oportunidad para los jovenes?  Me preguntó de entrada Moisés Urbina en el programa Frente a Frente, luego de aquellas reuniones tensas, en las que ponderábamos asistir y participar en vocerías, o seguir manteniendo la línea de resistencia, al mejor estilo de William Wallas, como aquella otra película que nos sirve de referente y atinadamente me trajo a la memoria nuestro carismático presidente.

La respuesta que yo di esa mañana a El Salvador, no me tiene satisfecho. Y quiero expresarles mi sentir y experiencia, con humildad, franqueza pero también con asertividad.

Ayer escuchábamos el discurso del empresario Ricardo Félix Siman, al recibir el galardón “Orden  FECAMCO” y fiel a un estilo exigente, que he tenido el privilegio de conocer con mucha cercanía, demandaba a los responsables del relevo, mucho más que 300 Leonidas. A muchos nos dejo atónitos la meta de 300,000 activistas democráticos que nos colocaron como KPI.

Y me permito extraer del discurso de don Ricardo esa referencia:

“…Por las nuevas generaciones luchamos y seguiremos luchando, pero también es oportuno dirigir a ellos, a los jóvenes, una exhortación a participar en la defensa de las libertades y del sistema democrático. ¡Porque esa lucha es ahora o nunca! No es posible lograr los cambios que necesitamos, sin la participación de las nuevas generaciones. A varios jovenes he escuchado decir: “Uds. No dan espacios, Uds. No se quieren retirar”, y otras excusas de este tipo. Pues a estos jóvenes les digo, con toda propiedad: Mi generación no pidió permiso; rondando los 30 años buscamos los espacios de participación aunque no hubiéramos sido invitados, apartamos a algunos cuando hubo necesidad, y aunque no muchos querían arriesgar sus vidas en aquellos momentos, nos pusimos en primera fila y defendimos lo que creímos correcto.

Si bien da esperanza ver la participación de algunos jovenes con buenas iniciativas, todavía estos esfuerzos son pocos e insuficientes para la lucha que debemos dar.

Jóvenes: Uds. Están mejor preparados que las anteriores generaciones. Si no participan en la vida nacional, los gobernaran los demagogos, los oportunistas, los populistas, los generadores de miseria y de corrupción. No queremos 300 espartanos, ni 3,000; ¡Necesitamos muchos Leonidas y 300,000 defensores de la patria! Tampoco queremos mártires: necesitamos líderes, que luchen por mejores condiciones de vida para nuestros ciudadanos. Pero al final son ustedes quienes escogen qué quieren de su futuro. Y como dijo platón, varios siglos antes de Cristo: “El precio de desentenderse de la política es el ser gobernados por los peores hombres”.

A ésta altura, Ricardo Velásquez Parker, ya no debería necesitar de más palabras y podría bastarme cerrar con un contundente:

“Hagámosle caso al consejo del que nos dio el ejemplo.”

Pero debo decirles a la dirigencia de 300 la razón por la que mi respuesta a Moisés no me satisface:

Habemos un montón de salvadoreños, no del todo conocidos, que no contamos con recursos financieros ni seguidores multitudinarios, que nos sirvan como capital político. Solamente tenemos formación, convicciones morales, perseverancia e ideas.  Y hemos venido a decirle a los salvadoreños que nuestro capital intelectual y moral es mucho más rentable y sostenible en el tiempo, que las dos monedas de cambio con que se paga tradicionalmente el pasaje a la vida pública.

El movimiento 300 ha sabido empezar a cultivar y entusiasmar a las canteras de servidores públicos que serán sin lugar a dudas, auténticos portentos de valores, responsabilidad y capacidad sin precedentes, en la conducción de los cargos de decisión y ejecución.

Yo los exhorto. Para con esa generación menor que ustedes y menor que su servidor, sepan delegar progresivamente las ejecuciones y compartan sin temores la información relevante que potencia el éxito.

Si temores a la traición o a la inexperiencia nos hiciera cometer el error de convertirnos, en la nueva argolla emergente de la exclusión y el reparto. Vendríamos a ser tan malditos como los reconocidos corruptos para quienes la patria y el cielo, tienen destinado el crujir de dientes.

Yo no dudo de ustedes, porque he aprendido a seguir a mi instinto y éste me dice que me rodean los mejores salvadoreños en ésta batalla por venir. 

Pero no basta con afirmar que ustedes abrirán la puerta para que los jovenes se abalancen como si El Salvador estuviera bailando en una piñata el juego de las sillas.

A quienes no hay que empujarlos, en el 2014 no hay que detenerlos. Pero sean también mentores, hermanos mayores y pongámonos todos en la primera fila. Probablemente todos vamos a sangrar. Pero si nos esforzamos unidos, tengo la certeza de que todos vamos a vivir. 

¡Libertad!

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