¿Más vale decepción conocida que oportunidad por conocer?

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17.03.2013

Estaba leyendo la crónica de una candidatura anunciada. Otra vez el expresidente Saca, queriéndose subir al podio presidencial. Terrible frustración me golpeó de súbito. Solo la disciplina de la reflexión, me hizo considerar la oportunidad de superar un reto complejo. ¿Cómo hacer para comunicar mi frustración sin ofender? Tengo que iniciar pidiendo perdón por anticipado a cualquier lector delicado, con poca tolerancia a la franqueza. Si has asimilado el statu quo cual costumbre de obligatorio cumplimiento, ni eres mi destinatario ni soy tu comunicador.

¿Sabes qué pasa? Yo no soy muy buen manipulador, aunque estoy conciente del gusto popular por la demagogia. No tengo la capacidad de decirte lo políticamente correcto o lo que vos querrás oír. Nunca aprendí cómo endulzar cabezas. Más bien, soy un terco apasionado, con la misión auto impuesta de despertar talentos a cachetadas. Ya sé que no es lo más eficiente, pero ese ha sido mi método.

Para innovar y para que no se claven, hagámoslo cuento.

Había una vez, en una tierra llamada “Las culebras”, un burlador de señoritas, apodado el encantador de culebras. Novio de muchas, abusivo y sin vergüenza, este personaje se había hecho el reto a sí mismo, de enamorar a todas las doncellas de la región. Ya tenía, en su lista de conquistas, un buen grupo de seguidoras. Pero no le bastaba con enamorar a cuanta cipota se le atravesara: quería conquistarlo todo. Quería ser: ¡el amo de las culebras!

Para quienes estén familiarizados con Don Juan Tenorio, Giacomo Casanova y otros estereotipos del burlador de Sevilla, a ese novio me refiero.

Este personaje tenía un talento natural para endulzar el oído, manipular a las masas y predicar su propia voluntad como provecho del prójimo. Y es que conocía un secreto de esa zona que lo ponía en ventaja ante otros pretendientes. La mayoría de las cipotas eran cómodas, ilusorias, incultas, de memoria corta y estaban aburridas y descuidadas. No entendían de planes a futuro, propuestas serias, cortejos formales ni credenciales, antecedentes y reputaciones.

El encantador de culebras, solo tenía que regalarles algún colorete, cantarles alguna poesía y susurrarles al oído lo que las cipotas ansiaban oír: “Te voy a llevar a Miss Universo, te compraré la casona más grande, te haré famosa, hablemos bien de vos.”

¡Y ya caían rendidas a sus pies!

El encantador de culebras hizo lo que quiso, hasta que a la región llega un grupo de auténticos galanes, intachables, decentes, cultos, con propuestas formales y le enseñaron a las señoritas  a darse su lugar y ser responsables.

Y hablo de “decepción conocida”, porque confieso que ya una vez voté por Saca. Pido perdón de nuevo, pero el estado en que le entregó nuestra nación al actual presidente fue simplemente lamentable. Comparto la culpa con quienes no nos hemos esforzado lo suficiente, para que los salvadorenos estén mejor formados, recuerden, ponderen y analicen propuestas viables, sostenibles; para que podamos distinguir entre la promesa a corto plazo de llevar la Selecta al mundial versus la promesa acompañada de acciones, de erradicar la corrupción de nuestro futbol. La sabiduría de los refranes dice que: “Gallina que come huevos, ni que le quemen el pico”, o “Cuando el río suena, es porque piedras trae.” Ya no recuerdo el otro: “Prometa y prometa…” ¿cómo era?

*Colaborador de MedioLleno

Apología para cometer justicia

Imagen17.02.2013

Hablando de políticos de El Salvador y la LAIP, me acordé: Cuando al compañero de la muy religiosa escuela, se le ocurrió poner el dedo de quiénes habíamos ido a la fiesta en la que se habían cometido actos tan censurables como bailar la reina del swing. A los asistentes nos suspendieron tres días por rebeldes. Pero al alumno Calavera, tesorero designado de la dirección, lo suspendimos de por vida del compañerismo. El baboso suplicó que lo dejáramos jugar futbol y cuando un profesor nos amenazó con otras sanciones, si seguíamos marginando a Calavera, tuvimos la brillante idea de dejarlo entrar y no pasarle la pelota. Otra vez vino el profesor y nos pitó para pasarle la pelota. Entonces, la idea colectiva fue pasársela demasiado adelantada, fuera de lugar o al pelotazo.

Cuando te expulsábamos de la camaradería, por chupa medias del profesorado, abusivo, traidor o por robar los fondos comunes, destinados a paseos y extracurriculares, ¡te fregabas de verdad! De nada valían las influencias, si tenías pisto, si eras hermano del director o pariente de Superman. A un traidor, lo torturábamos con el desprecio del silencio. Ya no eras parte del equipo y ese castigo, pesaba más que los contemplados en el reglamento escolar. Nos reservamos el derecho de admisión a fines de semana, fiestas, proyectos y todo lo que hacíamos en sociedad. Calavera era un adulador de profesores, vivía del sistema, era intocable en ciertos  términos. Un día,  Vergara se le atravesó en el camino para plantarle cara y, de inmediato, la caravana de la muerte de Calavera, compuesta por los profesores, le pasó encima a Vergara.

De la escuela aprendí, que aunque existían leyes oficiales, las más importantes eran dictadas por la costumbre, de la convivencia entre compañeros.

¿Y qué tiene que ver eso con la política? Que Calavera fue convertido en diputado, en alcalde, en presidente o incluso en empresario. Pero en uno corrupto. La realidad me indica, que aún estamos lejos de que la institucionalidad persiga con eficiencia a la corrupción.

Esta metáfora la expongo con el propósito de comunicar una propuesta a los que dicen ¡Ya basta El Salvador!, vemos el vaso medio lleno, decimos “creo” y buscamos el Faro que ilumine la oscuridad en que nos tienen sumidos los que han hecho de la política, el medio de beneficiar su vida. Quiero recordarles que como sociedad civil organizada, mejor conectada que nunca, tenemos mucho más poder que el de votar por el menos peor de una camada de populistas, cínicos, abusivos, que gozan de popularidad sin precedentes, porque nosotros permitimos que mantengan en ignorancia al pueblo. Porque la comodidad nos ha hecho olvidar la enorme responsabilidad que tenemos.

La corrupción evita que en el hospital se cure el compatriota agonizante; apaga la luz en el callejón donde violan a nuestras hermanas, hijas y madres; quita los recursos destinados a transparencia, institucionalidad y servicio público. De modo que sin más preámbulos, me aventuro a convocar una tormenta de ideas, de la generación de innovadores, emprendedores  y ciudadanos, para que nos inventemos sanciones sociales, que le duelan a Calavera. Ya hicimos conciencia, marchas, zapatazos, sapos de oro.

Es difícil probar la corrupción, pero es fácil exigir cuentas y ver quién las niega. Hoy hago apología para cometer justicia salvadoreña de la vieja escuela. ¿Quiénes me ayudan?

*Colaborador de MedioLleno

La capacidad de ilusionar

http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=7309849

Se oye el rumor de un lamento global que perturba la vida y quita el sueño.

Para las mayorías, sólo queda el recurso del reclamo. Ese ceño fruncido y recurrente que demanda “¡Que alguien haga algo!”

Algunos estamos anhelando que trasciendan del lamento a la acción. Y no nos quedamos en meras buenas intenciones. Estamos predicando con el ejemplo, transformando la realidad. Suena pretencioso. Téngame paciencia por favor. Lo hacemos donde nos toca. En casa, la oficina, en el tráfico.

Ya no es tiempo de buscar protagonismos en la sobrada capacidad de señalar el problema. Es tiempo que cada uno se convierta en el líder que necesitamos con capacidad de proponer soluciones.

Hoy, en medio de crisis, Estado fallido, desempleo, violencia y suficientes etcéteras escandalosas, creo que hay soluciones.

Quiero retar a los más privilegiados. A los que gozan de educación, del hábito de la lectura y de la capacidad de investigar, cuestionar y proponer. Se vale exigirles y los tiempos lo demandan.

A estas alturas del 2012, no ser creativo es equivalente a no saber leer. ¡Ya basta de creer que somos víctimas! No me malinterprete, tengo claro que entre los secuestrados, muertos, desaparecidos o extorsionados, las cicatrices no son algo que se pueda ignorar. Pero, ¿vamos a vivir justificando que el niño muerde porque al niño lo mordieron?

La pregunta es si existen alternativas incluyentes y sostenibles. En la medida que ignoremos el reclamo de quien pide que alguien haga algo, nos hacemos cómplices del círculo vicioso.

“No hay nada más poderoso como una idea cuyo momento ha llegado”.

Esta crisis me grita y recuerda, que para este tiempo venimos al mundo. Para ser agentes de la solución. En este punto es indispensable identificar quién es líder, saber proponerlo y más importante, darle el espacio para que maniobre. El círculo vicioso trata de atraparnos en este punto con otra queja, que “‘los políticos son corruptos”. Que sólo prometen en elecciones, que todos son lo mismo, que no crean espacios y no ilusionan a nadie. No niego que nuestra clase política, nunca termina de sorprendernos por su capacidad de romper records de cinismo, sin embargo, no son responsables de que yo me quede de brazos cruzados. La oportunidad de cambiar es de quien la acepta. Allí donde se encuentra.

La capacidad de ilusionar es el hábito de quien encuentra su voz e inspira a los demás para que encuentren la suya.

Aquí y de momento, algunos aplausos radican en que al fin, alguien en una Sala Constitucional, le paró berrinches y orgías de poder, al perverso grupo de diputados de la camiseta sudada, traje a la medida e instrucción notoria. La bronca resultante, es una crisis prefabricada que no debemos permitir que nos hunda.

No me preocupa estar de parte de la mayoría en la Asamblea o de la Sala. No espero que el político de vieja escuela, aporte soluciones mientras sigue creyendo celosamente que puede compensar, su falta de solucionar e innovar, con el pulido hábito de culpar a otros, hablando apasionadamente.

Lo que me preocupa es que no reaccionemos los ciudadanos, que por cobardía, comodidad o ignorancia grave, delegamos a incompetentes y corruptos, la conducción de la res pública.

-“Urge que congregaciones, comunidades, gremios, universidades y población civil organizada, pro-orden, pro-desarrollo y pro-positiva, desarrollemos la capacidad de ilusionarnos.”