El idiota reivindicado.

Si yo no fuera un idiota, recordaría siempre el significado original. 

A lo mejor me daría cuenta que los demás no son tan idiotas como a veces yo imagino.

A lo mejor no buscaría solamente mi provecho y beneficio aun y a costa o detrimento de los otros.

Me dedicaría más a leer, viajar, conocer e involucrarme con lo que no me es familiar. Y si por viajar pienso que hay que tener mucho dinero, es porque soy tan torpe, que nunca me he puesto a conversar con un mochilero. 

Me preocuparía menos por lo que puedan pensar los busca halagos, los lambiscones, los que humillan y los que menosprecian.

Me preocuparía más por lo que piensa Dios. Pero no se lo iría a preguntar a los predicadores. Se lo preguntaría yo mismo. 

Adoptaría a un perro callejero. Seguro que me serviría como entreno para cosas más grandes. 

Acompañaría a los niños a corretear porque si.

Vería menos noticias, telenovelas y películas de ficción.

Platicaría con los vendedores de la calle. Regatearía en un supermercado y pagaría de más al vendedor de la calle.

Hablaría con los ancianos y los dejaría repetir la misma historia todas las veces que considerasen necesario. Es en la repetición donde uno descubre novedades en cada relato. 

Reconocería mis limitaciones y luego las ignoraría por completo. 

Me dedicaría a hacer lo que vale la pena y dejaría de hacer lo que la mayoría dice que vale la pena.

Recalibraría mi escala de valores. Le quitaría al dinero su relevancia sofocante. 

Desarrollaría mi inteligencia emocional.

Ejercitaría la empatia, la asertividad y la tolerancia.

Defendería a un abusado, confrontaría a un abusivo.

Reiría mas seguido y lloraría cuando fuera necesario. Seria mas autentico y menos pretencioso.

La daría el beneficio de la duda al mal entendido y tomaría el habito de tomarlo por el lado amable. 

Dejaría de aconsejar a quien no pide consejos y pediría mas consejos a quienes admiro y respeto.

Recordaría que nada se consigue regañando a las personas.

Respondería con una sonrisa a quien intenta regañarme, y seguiría haciendo aquello por lo que me estaban regañando.  

Dejaría de aborrecer la adversidad o la crisis y reconocería en el sufrimiento la belleza del aprendizaje y del crecimiento.

Aborrecería el confort que embrutece. Buscaría el equilibrio. 

Si yo no fuera un simple idiota, seria tan distinto a la mayoría, que no me cabe duda me tildarían de idiota. Quien iba a pensar que tanto esfuerzo de tantos años por aparentar ser normal, termina despertando la conciencia gigantesca, con una cachetada.

Reconocer que hay que ganarle el duelo al estatu quo, me coloca en el concurso diario de ganarme el titulo de idiota reivindicado.

 
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