El fanfarrón nuestro

Mientras Hugo Chavez todavía negociaba con la muerte su toma de posesión consecutiva, vi en televisión una rueda de prensa. Enrique Capriles, le deseaba una pronta recuperación al entonces presidente Venezolano, sosteniendo en mano una constitución de bolsillo, abogando por resolver potenciales problemas de interpretación, si es que sus buenos deseos no coadyuvaran con la negociación citada.

A mi no me corresponde juzgar la veracidad de un discurso políticamente correcto. Pero debo reconocer que el pragmatismo actual de mi generación, me tiene desconfiando de todos. ¿Como le hacemos para saber quienes son los buenos?

Entre tanto lío por donde miro, recuerdo con cariño aquella frase del comediante Roberto Gomez Bolaños invocando al Chapulin Colorado.

No pude evitar pensar en el juego y manejo del poder que a diario se manifiesta por diversos canales y actores. Durante mucho tiempo fue la gran interrogante de mis introspecciones. Porqué y como le hace un fanfarrón, manipulador y psicópata social, para tener éxito, por sobre tantas personas con mejores talentos, aptitudes y credenciales espirituales, morales y humanas. Sea en una empresa, gobierno o congregación de personas naturales.

Y es que todos podemos pensar fácilmente en un sujeto cercano y hasta cotidiano, que presume de sus activos, fanfarronea de sus contactos, transa, exagera, manipula, amedrenta y miente. Siempre bajo el guión de su propia agenda. Lo más grave, atropellando a quienes cometemos el atrevimiento de existir dentro de su perímetro.

Sus juegos de dominio han sido tan bien estructurados, que sus mismos sometidos ya están empezando a censurarme mientras leen esta opinión, por atreverme a cuestionar al establecimiento impuesto.

De nada me sirvió la Introducción al Estudio del Derecho o la escuela bíblica para entender las reglas básicas de un juego político, social y espiritual, denominado: “Juguemos a que yo hago mi regalada gana y ustedes cumplan con todas las reglas, obligaciones y cargas.”

Fue hasta que tropecé en el internet con el video: “La ley de Thelema” y en una librería con “Las 48 leyes del poder”, de Robert Greene, que pude juntar los puntos y descubrir que la regla que actualmente rige al corazón de nuestra sociedad, no es distinta a lo que según las Sagradas Escrituras, una serpiente le prometio a la primera madre. “Serás como dios si haces tu voluntad”

Quienes están gobernando bajo esta premisa, lo hacen por la falta de intervención oportuna, de aquellos que reconocen en la oración al Padre nuestro, que hacer la voluntad de Dios en lo cotidiano y lo importante, es la solución misma al problema de raíz de nuestra realidad.

No nos distraigamos con la excusa que le acabo de referir una oración enseñada por Jesus de Nazaret. El asunto esta en la otra ley. La del fanfarrón, la del abusivo. La del corrupto que promete deleites en campaña y esclaviza una vez entronizado.

Hace falta que nuestra sociedad agudice sentidos y aprenda a reconocer los frutos de quienes practican el discurso.

El optimismo, la creatividad, el emprendurismo, la educación valiosa y la competitividad de nuestro pueblo, solo pueden aflorar si nos atrevemos a disputarle el poder en todas las esferas, a quienes están ejerciendo dominio bajo la premisa de su propia voluntad.

¿Podemos hacer sentir nuestra mayoría, eliminando de nuestra realidad la ignorancia y corrupción? No es tarea sencilla, pero los reto a intentarlo. 

 

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