Vivir de apariencias, triunfar adulando a otros, relacionarnos hipócritamente y ser populista o caer mal por pensar diferente.

Pensar diferente, hablar diferente y actuar en coherencia con lo que pensamos y decimos…

Una mujer me abordo con una pregunta muy personal de manera inoportuna,haciendo gala de refinados modos y encantadora sonrisa.

De inmediato obtuve el poder de elegir entre cuatro alternativas:

1) Satisfacer su curiosidad sin mas.

2) Intentar indagar primero sus intenciones y posteriormente satisfacer su curiosidad.

3) Mentirle con reciprocidad de modos, sonrisa y todo el rito imperante del arte del aparentar.

4) O contestarle como lo hice:

“Eso no es de tu incumbencia.”

En paralelo, un hombre mayor me cuestionaba atinadamente mientras cenábamos si yo estoy dispuesto a cargar con las consecuencias de pensar, hablar y actuar como acostumbro.

Para el caso de mi respuesta a la mujer, imaginar consecuencias a las
alternativas planteadas, no es otra cosa que una estéril especulación, pero

supongamos que, por puras estadísticas, deduzco que satisfacer la curiosidad sin mas, de tan marcada chambrosa, probablemente derivaría en la continuidad del arte del chambre con mi nombre y anécdota como protagonistas…

Intentar indagar intenciones de una amante del chambre es un pantano donde no tengo la clarividencia ni la experiencia para triunfar…

Y mentir… es malo. Punto!

Y para los efectos de la pregunta del caballero, estoy de acuerdo en pagar las consecuencias de pensar diferente, que me son menos insoportables que adherirme al sistema de los hipócritas, los aduladores, los populistas y los sometidos. Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.

Los expertos en trato social, psicólogos, políticos, relacionistas públicos, parientes de distinta escala consanguínea y afinidad, también pero en menor medida, amigos bien intencionados, me recriminan con calificativos de grosero, des-adaptado o hasta egocéntrico.

Bastante merecido tengo sendos motes por atreverme a manifestar conciente y abiertamente, tan sincero desprecio al estatus quo, a convencionalismos sociales hipócritas e impuestos por alguien mas.

Me opongo de manera contundente a pseudo-autoridades, auto censores,
consejeros inoportunos y conciudadanos con complejo de policía, en quienes no reconozco dominio absoluto sobre mi conducta, por estar todos ellos, en una legitima relación de coordinación, con respecto a todos los demás, pero se dan a la misión abusiva de posicionarse en ilegitima relación de subordinación hacia todas las direcciones, tildando de rebeldes, herejes y malignos a quienes les presentamos abierta oposición.

Es un común denominador en oportunistas de izquierda en el gobierno,
cleptocratas, lideres religiosos obsoletos y departamentos de personal
en empresas carentes de sentido de prioridad, innovación, sobrados
en prejuicios y una soberbia como marca registrada que se les va desparramando en cada acto en que se involucran.

A quienes se les oponen o los cuestionan, los bombardean, descalifican, vituperan y en algún momento de la historia reciente…
Los decapitaban, crucificaban y también se puso de moda que los desaparecían!

Yo prefiero llegar al punto como Socrates de no creerme lo que no soy y estar claro que tengo ventaja sobre otros, en el sentido pues, que yo si reconozco que carezco a menudo de empatia y me abunda a menudo el egoísmo.

Igualito que los demás pero con manifestación diferente. Yo no me doy ni doy paja pues, para decirlo en salvadoreno.

Bastantes libros tuve el placentero habito de escudriñar para darme cuenta que mi postura ante la vida, no es ni original ni mucho menos reciente.

Que alivio por lo menos intelectual, ya me decía yo que no estoy loco!

Busque usted y lea si le apetece el prefacio de las memoria de Giacomo Casanova, la Apología de Socrates por Platon, la casa de Bernarda Alba de Federico Garcia Lorca, doña Bárbara de Rómulo Gallegos, Tom Sawyer de Mark Twain, el libro de los amores ridículos o la insoportable levedad del ser de Milan Kundera, el Quijote de Cervantes o si lo prefiere, los cuatro evangelios sinópticos.

Suficientes Juanes Bautistas, abuelitos de Haidy en los Alpes y monjas de claustro han habido ya, para que a mi también se me ocurra que la solución a la incapacidad de soportar los imperativos hipotéticos, consiste en retirarme al desierto, para bajar solamente de vez en cuando a la urbe a comprar queso o bautizar a pecadores, promulgando un resonado arrepiéntanse.

Pues caramba! Bastante trabajo resulta ya practicar la tolerancia y

desarrollar la empatia, por esta condición inherente de ser gregarios.

A  mi me tocara seguir aguantando abusivos bocones que me dirán, no se puede vestir así, parar así, pensar así y a ellos les tocara soportarme

irreverente y conteston.

He llegado a la conclusión que no puedo cambiarlos, no quiero unírmeles y se merecen mi reciprocidad.

Casi me brota una lagrima al leer la biografía de Diogenes de la escuela

Cínica:

http://es.wikipedia.org/wiki/Diógenes_de_Sinope

-Tras la muerte de Sócrates (399 a. C.), sus discípulos se dispersaron y originaron numerosas escuelas filosóficas.

Además de Platón, otros filósofos que, en mayor o menor medida, habían sido discípulos suyos, continuarían su pensamiento en direcciones distintas, y aún contrapuestas. Una de esas escuelas fue la Escuela Cínica, fundada por Antístenes (aproximadamente 445-365 a C.) y a la que perteneció el filósofo Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes, el del tonel.

Una de sus más famosas anécdotas, junto con la de Alejandro, (que nos
ilustran acerca del perfil del filósofo) es aquella en la que estaba
Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía

confortablemente a base de adular al rey.

Aristipo le dijo:

“Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas.”

A lo que replicó Diógenes:

“Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey.”

Diógenes nació en Sínope (hoy Turquía), aprox. 413-327 a.Xto.

Llevó a la práctica el ideal del sabio representado por el cinismo, recogido

en numerosas anécdotas: vida solitaria, desnudo y sin más vivienda que un
tonel, en renuncia constante de todos los bienes creados por la sociedad

humana.

Por cuestiones económicas fue desterrado de su ciudad natal, hecho que tomó con cierta ironía: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.»

Deambuló por Esparta, Corinto y Atenas, en esta ciudad frecuentó el

cinosarges y se hizo discípulo de Antístenes que predicaba el no respetar
las convenciones sociales y evitar los placeres. Considerado como uno de los más destacados filósofos de la escuela cínica.

Los cínicos tomaron como modelos a la naturaleza y los animales, los
adoptaron como ejemplos de autosuficiencia y basándose en ello propusieron

un modelo de comportamiento ético que consideraban fundamental para alcanzar la felicidad.

Llevó una vida de austeridad.

Rechazó también el politeísmo con todos los cultos religiosos, por

considerarlos instituciones puramente humanas y superfluas.

Diógenes predicaba el ascetismo.

La tradición le ha atribuido osadía e independencia ante los poderosos,
desdén por las normas de conducta social; según lo que de él se ha contado, vivía en un tonel.

Se vestía ropas toscas, sus alimentos eran sencillos y pernoctaba en las
calles.

Fue respetado por los atenienses, admiradores de su desprecio de las comodidades. La virtud es la base de su filosofía. Despreciaba a los oradores que, a su parecer, estudiaban cómo hacer valer la verdad pero no cómo practicarla.

Anécdotas de Diógenes de Sínope

Además de la mencionada con Aristipo, se le atribuyen otras muchas

anécdotas:

Según la tradición popular Diógenes caminaba por Atenas a la luz del día
llevando una lámpara encendida y cuando se le preguntaba que por qué hacía esto contestaba:

“busco un hombre honesto sobre la faz de la tierra”.

Cuando Diógenes llegó a Atenas quiso ser discípulo de Antístenes pero fue
rechazado, ya que éste no admitía discípulos. Ante su insistencia,

Antístenes le amenazó con su bastón, pero Diógenes le dijo:

“no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir”.

Cuando viajaba a Aegina fue secuestrado por piratas y llevado a Creta donde fue vendido como esclavo.

Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que
sabía hacer, Diógenes contestó:

“Mandar. Comprueba si alguien quiere comprar un amo”.

Fue comprado por un tal Xeniades de Corinto, quien le devolvió la libertad y
le hizo tutor de sus hijos.

En cierta ocasión le invitaron a una lujosa mansión advirtiéndole de no

escupir en el suelo, acto seguido le escupió al dueño, diciendo que no había encontrado otro sitio más sucio donde hacerlo.

En otra ocasión le preguntaron por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió:

“porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos”.

Pero sin duda la más célebre fue aquella en que se encontró con Alejandro

Magno mientras el filósofo tomaba el sol plácidamente.

Fue Alejandro quien empezó la conversación así:

– “Yo soy Alejandro Magno”
a lo que el filósofo contestó:

– “Y yo, Diógenes el cínico”

Alejandro entonces le preguntó de qué modo podía servirle. El filósofo
replicó:

– “¿Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol? No necesito nada más”.

Se cuenta que Alejandro se quedó tan impresionado con el dominio de sí
mismo del cínico que se marchó diciendo:

“si yo no fuera Alejandro, querría ser Diógenes”.

Según la tradición, murió en Corinto el mismo día que Alejandro.
Se preocupó por la sabiduría práctica y no estableció ningún sistema de

filosofía.

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