La capacidad de ilusionar

http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=7309849

Se oye el rumor de un lamento global que perturba la vida y quita el sueño.

Para las mayorías, sólo queda el recurso del reclamo. Ese ceño fruncido y recurrente que demanda “¡Que alguien haga algo!”

Algunos estamos anhelando que trasciendan del lamento a la acción. Y no nos quedamos en meras buenas intenciones. Estamos predicando con el ejemplo, transformando la realidad. Suena pretencioso. Téngame paciencia por favor. Lo hacemos donde nos toca. En casa, la oficina, en el tráfico.

Ya no es tiempo de buscar protagonismos en la sobrada capacidad de señalar el problema. Es tiempo que cada uno se convierta en el líder que necesitamos con capacidad de proponer soluciones.

Hoy, en medio de crisis, Estado fallido, desempleo, violencia y suficientes etcéteras escandalosas, creo que hay soluciones.

Quiero retar a los más privilegiados. A los que gozan de educación, del hábito de la lectura y de la capacidad de investigar, cuestionar y proponer. Se vale exigirles y los tiempos lo demandan.

A estas alturas del 2012, no ser creativo es equivalente a no saber leer. ¡Ya basta de creer que somos víctimas! No me malinterprete, tengo claro que entre los secuestrados, muertos, desaparecidos o extorsionados, las cicatrices no son algo que se pueda ignorar. Pero, ¿vamos a vivir justificando que el niño muerde porque al niño lo mordieron?

La pregunta es si existen alternativas incluyentes y sostenibles. En la medida que ignoremos el reclamo de quien pide que alguien haga algo, nos hacemos cómplices del círculo vicioso.

“No hay nada más poderoso como una idea cuyo momento ha llegado”.

Esta crisis me grita y recuerda, que para este tiempo venimos al mundo. Para ser agentes de la solución. En este punto es indispensable identificar quién es líder, saber proponerlo y más importante, darle el espacio para que maniobre. El círculo vicioso trata de atraparnos en este punto con otra queja, que “‘los políticos son corruptos”. Que sólo prometen en elecciones, que todos son lo mismo, que no crean espacios y no ilusionan a nadie. No niego que nuestra clase política, nunca termina de sorprendernos por su capacidad de romper records de cinismo, sin embargo, no son responsables de que yo me quede de brazos cruzados. La oportunidad de cambiar es de quien la acepta. Allí donde se encuentra.

La capacidad de ilusionar es el hábito de quien encuentra su voz e inspira a los demás para que encuentren la suya.

Aquí y de momento, algunos aplausos radican en que al fin, alguien en una Sala Constitucional, le paró berrinches y orgías de poder, al perverso grupo de diputados de la camiseta sudada, traje a la medida e instrucción notoria. La bronca resultante, es una crisis prefabricada que no debemos permitir que nos hunda.

No me preocupa estar de parte de la mayoría en la Asamblea o de la Sala. No espero que el político de vieja escuela, aporte soluciones mientras sigue creyendo celosamente que puede compensar, su falta de solucionar e innovar, con el pulido hábito de culpar a otros, hablando apasionadamente.

Lo que me preocupa es que no reaccionemos los ciudadanos, que por cobardía, comodidad o ignorancia grave, delegamos a incompetentes y corruptos, la conducción de la res pública.

-“Urge que congregaciones, comunidades, gremios, universidades y población civil organizada, pro-orden, pro-desarrollo y pro-positiva, desarrollemos la capacidad de ilusionarnos.”

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